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Maritza Marina. Modos para la independencia creativa.
Por Napoleón Lizardo
No sé cuántos accidentes debieron complotarse en mi vida para que Maritza Marina resultara ser alguien muy cercana a mi persona; y debo felicitarme por ello. Entre los varios modos de comunicación que hemos podido edificar entre ambos, ocurrió aquel que me llevó a las aulas a impartir clases de Literatura Cubana y Universal. No tuve más remedio que ejercitar mis conocimientos de teoría literaria, de introducirme en los inefables cauces de la creación del género, y aprehender de la vida de muchos autores, tendencias, estilos o movimientos; y ella, Maritza, tomó confianza en mis opiniones académicas. Recuerdo sus primeros pasos por los insondables laberintos cibernéticos, nuestras largas conversaciones que terminaban en conminarla a que dejara fluir su genio creativo, que el cúmulo de urgencias, los acicates de vivir el capitalismo en República Dominicana, no la iban a dejar descansar. Algún día debió sentarse a redactar; me costó trabajo, incluso hube de regañarla fuerte cuando sus energías intentaron desmayar ante las críticas de uno de sus lectores. Es cierto, su espíritu eminentemente católico ha preñado los más de sus versos; su devoción matiza todos sus actos, hasta los de crecimiento personal, según me confesara.
Ocurrió un día en que dedicó algo a los gatos que la veían salir cada amanecer; y hube de detectarle esos los visos de definición de estilo cuando cada autor comienza a encontrarse a sí mismo(a); sé porque lo descubro en mil detalles, que ella ha bebido con fruición en la poesía de muchos autores conocidos y noveles, sé que ella lee, que hurga, que vive con todas las inseguridades propias de los creadores, que se pregunta a sí misma, que anda y desanda caminos trazados por otros. Este asunto de la Vanguardia, el movimiento artístico enraizado en el siglo XX, le ha provocado mucho ir y venir; anexándome dolores de cabeza al tratar de explicarle mis opiniones personales acerca del tal fenómeno. La he escuchado pronunciarse en largos parlamentos y elogios por la poesía de tal y otros autores, pero le admiro esa reciedumbre típica de su “gemineidad” o el temperamento que heredan las personas independientes por naturaleza. Ella no ha podido seguir rutas trazadas por otros, no hay modo que esos los estilos de la incoherencia, domeñen su lirismo inagotable. ¡No puede mezclar el verso donde habla de la punta de sus zapatos, con las croquetas que produce Zuazilandia en un segundo verso, y menos atraer la atención sobre el sombrero de Pancho el cojo en el tercero de los versos! Simplemente ella no puede meterse en eso. Y me alegro; no sé si los méritos que creo tener en su formación ya dejaron de trabajar, y ella se nos ha ido de entre las manos. Acabo de promover en el internet algunas páginas de una publicación tabloide que edita y produce el colegio María Montessori donde ella funge de maestra en Santo Domingo. Yo que creo conocer su creación, hube de sentarme a pensar sus versos “Misericordia” cuando más “Natura”. Esto, Napoleón –me dije–, ¡esto es literatura! En el primero se me antoja creer hay todos los síntomas alusivos a la figura de Jesús el Cristo, pero ella no me lo corrobora ni en el punto final; tengo que ser yo en mi papel de lector el que le dé vida a los versos, y eso en mi país se llama inducción, implicar al lector en la creación, no dejarlo de arria en la contemplación de un todo muerto, donde él no participe; esto es irrumpir en los mejores cánones de la Vanguardia, sin dejarse arrastrar por los malos hábitos que aquella promovió, del NO decir, para molestar en antítesis al lector. ¡Ese título “Natura” ha sido tan llevado y traído! Y sin embargo en Maritza Marina ya es un clásico; cuáles los modos de hablarme de un simple aguacero, y deleitarme, obligando a mi imaginación a trabajar, para endilgarme sólo en el último de los versos el tema de esa obra, para descargarme una soberana entripazón, que aparte de sentirla en toda su literalidad, me levantó bríos lugareños –léase camagueyanos– en aquello de creer que en ella está elucubrándose una poetisa de calibre.
Alguna vez le hablé de estudiar pormenorizadamente cada renglón del filme Staying Alive/Sobreviviendo, que protagonizó John Travolta, ésa lección de capitalismo que debiera proyectarse en cada Juramentación de Ciudadanía en los Estados Unidos. No sé si mis ofertas hayan surtido efecto ante ella; es difícil que acuse recibo de cada lección que me creo aprendida. Hoy me desayuné con algunas escenas de ese filme antes de sentarme a redactar; y vuelvo a “decirla” en mis consejos: Tus pasos Mary, tanto en los versos libres como en el proceso de adaptación al mundo que afrontamos lejos de la tierra natal, tienes que asentarlos por ti misma. La vida no te dará un break-chance para que te sientes reposadamente a escribir; hay que allegar los chavos al tiempo que uno busca dentro de sí esos los llamados para los que fue enviado al mundo. A nadie le importa si tu poesía mejora y/o si te dedicas un buen día a imitar lo que escribe maese quién sea, o madame Dupaua. ¡Nobody has to care about nothing! ¿Who care? ¿A quién le importa cómo logras metas? ¿Who care? Tú bailas todos los días muy cercana al fuego, yo lo hago tratando de cuidar el trabajo que me permite vivir como persona en la tierra de promisión que son los Estados Unidos. Hasta para el tema del amor, ése filme tiene alertas, aprende de sus advertencias y acaba de soltarte en la tempestad de tus versos. “Everybody uses everybody”. Que cada verso construya, sea coherencia para los sonateros, y sigue riéndote de la imaginación del lector; verás que en jugando con cada quien, al tiempo que los usas, induces a pensar. Esa es la Vanguardia que se abre paso en la vida cruel.
napoleon03.wordpress.com
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PREÁMBULO DE CUARESMA
Por Maritza Marina
El mundo se apresta a celebrar la Cuaresma del año 2006 (siglo XXI), que dará paso, posteriormente, a la Semana Mayor de la Iglesia Católica. Ya se organizan en cada iglesia, en cada comunidad, en cada grupo, las diferentes actividades con las que pretendemos recordar el holocausto único del Señor Jesucristo: ayunos, retiros, sacrificios, oraciones, el Vía Crucis renovado cada viernes, y, ante todo, el Miércoles de Cenizas que insiste en anunciarnos que…”polvo somos y al polvo volveremos”, y que el orgullo y la soberbia no forman parte de nuestra vida cristiana.
¿Es en realidad así? ¿Somos los cristianos de hoy el modelo que debiéramos ser, a imagen y semejanza del que todo lo dio?
Cabe decir que cristianos y no cristianos del mundo actual no seguimos siendo otra cosa que “sepulcros blanqueados”.Nuestro lenguaje es el de la muerte, no somos más que imitadores falsos, ventrílocuos desalmados que repetimos sin ton ni son la sonatina de conveniencia; herederos de la más excelsa alegoría de amor, sumidos en la sentina más aberrante; hipócritas, traidores, maceradores modernos de Jesús, una nueva legión de Judas Iscariote entregándolo a la desidia.
“Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. No bien el hermano cae, no bien introduce un pie en el lodo, ya tiene a toda una jauría hambrienta, bien nutrida y conservada en el odio más feroz, acosándolo, hostigándolo con sus látigos maledicientes, intentando golpear en el rostro, que es donde más duele, objetivo que no siempre se cumple gracias a que sus propias piernas están hundidas hasta las rodillas en el más pestilente de los barros. Las mismas bocas mentirosas (“perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden”) inoculan el más salvaje de los venenos en el crédito, la honra y la vida misma del hermano caído, las mismas que recitan oraciones y letanía vacías de sentido y que interrumpen sus rezos para aventurar mordacidades y juicios en contra del otro; las mismas que se pliegan en un falso gesto de santidad que están muy lejos de experimentar. Rostros de beatonas de ojos agazapados para “no ver” la mano temblorosa que se extiende en procura de alivio. Caballeros ” bien”, endomingados, impolutos dentro
de sus automóviles de lujo, escudados tras gafas oscuras de Armani, de esas milagrosas que suelen ocultar las porquerías cotidianas, las que tienen lugar de lunes a lunes, sin excepción .Los impecables, los listos, los falaces de carteras abultadas y cuentas bancarias a prueba de balas, esa suerte de escogidos que tuvo la habilidad no de amar más, sino de engañar y estafar mejor a su prójimo (salvo honrosas excepciones) y que en virtud de esa preclaridad ahora vive la panacea económica de las élites. Los que proclaman un amor que están lejos de sentir, los que observan sin pánico a un niño de carita trémula, de ojos afiebrados, de rostro quebrado pedir limosnas y sólo dicen… “que Dios te bendiga, hijo”. Los que inventan todo tipo de trampas para “serrucharle el palo” a ese que estorba sus planes. Los que fingiendo una caridad inexistente maniobran para hacer caer a su prójimo en la desidia mas inicua. Los que confunden a los bienintencionados a base de mala intención, desde posturas de falsa solidaridad. Los que no saben amar porque su pecho es metálico como los billetes que recuentan y sólo en ellos cifran sus esperanzas .Los que engañan siempre, los que mienten por diversión, los que se entretienen juzgando (“no juzguéis y no seréis juzgados”) desde la falsa seguridad, desde el piso estremecido de un presente sólido que es sólo eso: presente. Los que viven apegados a la belleza física, a los patrones de éxito del momento, a un mundo material y vacío de toda perspectiva realmente humana y que tiene por ciudadanos de segunda a “los otros”. Los que creen ser perfectos (sólo Dios es perfecto), los que se creen salvos en el Señor, rodeados de una aureola de beatitud y de virtud que sólo existe en sus mentes insanas y pecadoras. Los abusadores, los despiadados, los que desde sus jerarquías terrenales aplastan, humillan y sumen en el dolor a tanto apesadumbrado. Los que juegan con el destino del otro desde el poder; los ignorantes, los egoístas, los esnobistas, los lame botas, los delatores, los violentos, los anodinos, los intolerantes, los que aplastan la inocencia, los violadores de la santidad, los de alma prostituida, los corruptores y corrompidos, los manipuladores, los cobardes que actúan en la sombra, los indiferentes, los indolentes, los inconsistentes y sin criterio propio, los vive bien…
Ninguno de estos males es nuevo, son miserias de siempre, el eterno dilema de la carne pecadora y frágil. Lo asombroso consiste en que insistimos en involucrar a Jesús en nuestras terrenales componendas, en nuestro mundo de mentirillas e insistimos en mancillar al AMOR que sólo en ÉL alcanza la verdadera perfección, la verdadera santidad.
Al que le sirva el sayo, que se lo ponga. Este vestido es unisex , unitalla y está al alcance de todos. Yo ya tuve mi sesión de prueba y me quedó a las mil maravillas.
Técnicamente, estamos en el Reino de la Desesperanza. Sin embargo, las noticias son buenas: ¡Cristo nos ama así como somos! Pero ese ya es tema de un próximo preámbulo, de una sonata en do mayor.
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S.O.S, Presidente
Ojalá que una nube trasnochada
accediera a llevarle este mensaje,
o que el sol en la punta de sus rayos
se lo alcanzara
Ojala la paloma de mis sueños
penetrara en su mundo inaccesible
y con trinos desgarrados le entonara
este mensaje
Yo no puedo allegarme a su morada
me lo impiden, me destierran, me someten.
Mil guardianes custodian su presencia,
mil burócratas detienen mis anhelos
y la indiferencia de algunos muy cercanos
ha despeñado sobre mí todo su hielo
Ven a mí, ciudadano omnipotente
y, haciendo uso de facultades conferidas,
avanza entre guardianes y burócratas,
desaloja de tu corazón la indiferencia
¡Escúchame, Presidente!
Luego,devuélveme la vida o decreta mi muerte
solo si tu corazón así lo ordena,
besa solidario mi atribulada frente
o atraviéseme el costado tu condena
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CONSUELO
AUTOR: PETITE GOLONDRINA
Tus palabras aún le arrullan los oidos,
ellas hurgan, taladran la memoria
se mueven vertiginosas,
un sonido aquí,
otro allá,
abrazan la conciencia,
despojan de su perfil gris
las conclusiones.
Ojalá entonces, el raudal
indetenido de sentimientos
disímiles
no hubiera permeado,
descarnado,
la sabiduría de tu verbo ecuánime,
la hondura de tu dolor de partitura,
la claridad de tus confesiones trémulas.
Todavía sigue siendo imperfecta.
Al borde del pozo
se balancea su cuerpo
de armiño y de estaño;
aún tus palabras
no son el modus vivendi
de su día a día.
Sin embargo,
un destello de sol
le alumbra el alma muerta,
en tus palabras de aliento
ha germinado la aurora
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DUELO ABIERTO DE UN ZAPATO CERRADO
AUTOR: PETITE GOLONDRINA
Hace poco, lo sorprendió
el vuelo de una ardilla.
Claro que las había visto volar,
es que no solía transitar
cuando el sol se desnudaba.
Quedó sorprendido, sí,
no esperaba que las manzanas
maduras
involucionaran,
y eso
que el color olivo
era su preferido.
No esperaba el aguacero
de palabras necias
afloradas tras los labios inmaculados.
Y todo por su manía,
por su eterna manía
de idealizar lo pomposo,
de embarcarse en quimeras.
Luego se lamentó.
Y ¿de qué sirve el lamento
si el corazón se emponzoña
porque no comprende?
En verano, por alguna razón,
por alguna extraña razón,
el tiempo destruyó
todo pensamiento,
todo sentimiento
tenuemente acariciado,
largamente forjado.
Y para que la angustia
no permaneciera a solas
apareció la estulticia
vino de comadrona
a un parto sin remedio.
Entonces cayó muerto,
de aburrimiento
muerto
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CONFESIONES
AUTOR: PETITE GOLONDRINA
Acúsome
de haber nacido irredenta,
en las postrimerías de un era
de “rebeldes”,
sin causa o con ella,
que no salvaguardaron
mi honra
y me sometieron
a escarnio,
porque así lo exigía
su apostolado.
Acúsome , pues,
de haber crecido confundida,
errabunda, tropezada,
en un mundo siniestro,
exactamente dividida
entre sabiduría y prejuicio,
sopesando
en desconocimiento,
adivinando
secretos inexistentes.
Acúsome, sí,
de haberme tornado adulta:
debí preferir la sempiterna infancia,
sus partículas de inocencia
soterrada.
Por mi error,
he purgado en cada telón de fondo,
y he agonizado
sin merecimientos, sin gloria.
Acúsome, entonces,
de permanecer esperando
lo que no tendrá lugar,
desde un sitio inasible.
Un medio siglo de absurdos
me mantiene,
impertérrita,
soliviantada,
anhelante,
en las postrimerías de una era
que ya no es rebelde
con causa o sin ella
y que se las apaña
para destruir los sueños.
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ERÓTICA
AUTOR: PETITE GOLONDRINA
Quiero errar desnuda
por la estepa de tu cuerpo,
y amanecer jadeante
sobre tu vientre calmo,
y en entrega absoluta
consumirme en tu cerco,
y descansar mi aliento
en el tifón de tus labios
Quiero que la noche
me sorprenda rendida
enturbiados mis ojos
del fragor de tus brazos,
y que la sed voraz,
la sed que me domina
aniquile tus ganas
de un solo aldabonazo.
Quiero estar contigo
en el punto inmediato
donde tu cuerpo ardiente
tenaz y consolado
se desplome en lamentos,
en gritos jubilosos,
sobre la paz del mío
convulso y liberado.
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NOCTURNO
AUTOR: PETITE GOLONDRINA
QUASAR es una colina vernácula
que remonta la garganta,
penetra en las honduras
y se expande en los entresijos
de la conciencia.
En Quasar, conoció al argonauta,
ese que en las leyendas de la infancia
promovió el destierro
de los momentos más íntimos
del subconciente.
Es de Quasar la vivencia
que lo acompaña al destierro;
una cruzada desconocida
y pletórica, milenaria;heridas
del inconsciente.
Entre Quasar y el cielo
hay mogotes levantiscos,
impedimentas cruciales,
cordones desabrochados
de la Luna.
Los ojos veteados de sol,
de neblina y de sal
recorren,
con la impudicia del cínico
los dorados picachos
de las olas de Quasar.
El mitológico niño,
descendiente de las arenas,
de los lagos y de las sombras,
sólo tiene un deseo:
despertar en Quasar;
o simplemente,
quizás,
resucitar de entre sus brumas
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LOS GATOS Y YO
Los gatos y yo amanecemos el barrio.
Ellos hurgando en los latones de basura.
Yo, observando adormecida sus desmanes.
La calle bosteza desolada, rehuyendo un sol
que se adivina candente, risueño, efímero quizás.
Los árboles perezoso sacuden sus alfombras,
despertando a unas pocas avecillas haraganas.
Las casas, en la calle, ni siquiera se enteran
que la claridad ha invadido sus espacios,
desalojando sin piedad, cualquier atisbo
de melancolía, de lujuria, de sentimiento alguno.
Las aceras componen sus vestidos raidos.
Los jardines mercadean impúdicos sus aromas.
El alambrado se inclina ante el cielo tisú,
a veces plomizo, a veces sin nombre
e igual de indiferente con su vasallo electrónico.
Así será por siempre, amaneciendo el barrio,
la aburrida tertulia de las noches sin sueño,
las calles y los patios, las flores, los alambres,
el oscuro silencio de las noches oscuras.
Y yo estaré por siempre, observando a los gatos
escribiendo unos versos que casi nadie lee,
creyendo en las quimeras mientras sueño despierta,
conociendo, sabiendo de imposibles regresos,
tal cual saben mis gatos de latones ajenos.
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MARCA REGISTRADA
Tristeza de huracanes, de desiertos,
de cordón umbilical abotonado,
de tristes marionetas, de los versos,
de las gentes, de seres acabados.
Tristeza un corazón de Valentino,
una sonrisa, un beso de La Renta.
Vaciedad descolorida en la mirada
de tonos Gucci; la tormenta de
LA NADA Y EL NADIE.
Así va ella, tan arida;
Torrente congelado, mítico empeño,
candileja de ilusiones, brillo torpe.
Ajena al sentimiento. Pequeño antílope
tonto que han cazado,
que han destrozado, abatido y desmembrado;
Torpe natura que a golpes le ha secado
el corazón y la memoria y los sueños.
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CONCEBIDA
Fundiéronse las estirpes centenarias
de rancios abolengos y sones de guitarra,
allá; allende los mares.
En las tierras vírgenes,
las flores se mutaron,
se convirtieron en espejos de colores,
y las plumas,
en gemidos espantosos se trocaron.
Amasaron tu piel tantas historias
y tantos sentimientos huérfanos.
y la mirra y el oro y el incienso
fueron tus compañeros.
La sangre de cien titanes
ruge en tus venas,
tiene tu mirada tan profunda
el estigma de los cruzados;
es tu cuerpo frágil
la roca donde anida
un mundo de desesperanzas
y de amor,
de sentimientos tumultuosos,
desgarradoras heridas
que confunden la despejada frente.
Tu tristeza es la mía, te conozco.
Concebida en mi memoria,
en los recuerdos milenarios
de un pasado reciente,
tu recia estirpe continúa
siempre…
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REFRANES
De fatuas intenciones vive el universo
Los bonapartistas pululan por doquier
A más de uno lo acojina el peso.
petulancia y talento confunden en su ley
Los refranes son sabios, eso es harto sabido
recogiendo de la historia verdades, como mieses
Y al petulante calan por su justo pedido:
dime de que presumes, te diré de que careces
No pretende mi pluma que de humilde se postra
parecerse a Los Grandes,¡Dios me libre,me espanto!
Mi naturaleza sencilla acostumbra de ostras
la paz de los comunes me cubre con su manto
Perdone, señoría, si de sentimientos llena
sus castos oidos dañe con folletines
Perdóneme de nuevo, pero me siento plena
No será su egocentrismo quien fulmine
mi alma anacoreta que desdeña
toda la Gloria con que Ud. sueña.
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ODA A MI COLEGIO
ES DIFICIL
NO SENTIRSE EXTRANJERO EN TIERRA EXTRAÑA
ES CONDICION DE PARIA
LA DE TODO EMIGRADO,
CUANDO SE HA VUELTO UN SUEÑO
TU RINCONCITO CALIDO
HE DESCUBIERTO UN MUNDO
DONDE LA SOLEDAD SE PIERDE,
Y SE TRANSFORMA EN LLANTO LIBERADOR
EN EL, LA ALGARABIA MAÑANERA
TRASTORNA LOS SENTIDOS
TE NUTRE DE ALEGRIA
PERECEDERA EN EL CANSANCIO
E INSOLITA EN SU ESENCIA
EN LAS TARDES RECUPERO EL ESPACIO
LOS PASILLOS SON MIOS
Y PUEDO,
SI QUIERO,
CAMINAR DESCALZA,
ESCUCHAR A BETHOVEN,
Y ALIMENTAR EL ALMA
DEL SILENCIO NECESARIO,
MIENTRAS UN CALIDO SENTIMIENTO DE PERTENENCIA
ME AVASALLA;
SOLO ESCUCHANDO
EL MONOTONO FRU FRU DE LA ESCOBA DE DON JULIO
EN LAS TARDES INVIOLADAS POR EL FUTBOL
NO ES POSIBLE POR TANTO
QUE ME SIENTA EXTRAÑA
PORQUE EN TU MUDO MUNDO
YO,
EL PARIA,
EL EMIGRADO,
EL SOLITARIO
DECAPITO TRISTEZAS,
INCOMPRENSIONES
Y ALGUNA QUE OTRA DESESPERANZA.
LA SIEMPRE IDEA
DE NO SER ACEPTADA
POR AQUELLOS QUE AMO
DESDE EL FONDO DEL ALMA
AQUI,FINALMENTE
ME SIENTO COMO EN CASA.
MI COLEGIO QUERIDO
REFUGIO Y MADRUGADA
BESO, LIRA, FLOR
DESTERRADOR DE INSOMNIOS
DE UN ALMA ENAMORADA
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NECESIDAD
Para mi nieta querida, con la esperanza de verla pronto.
PROMETO DESAFIAR LOS MALOS TIEMPOS
HABITAR LAS MANSIONES DEPREDADAS
ARRASTRARME, ENLODARME Y DESHACERME
CONVERTIRME EN ESENCIA Y CENIZA ESCALDADA
PROMETO A LOS NARDOS RESPETAR SU FRAGANCIA
PROMETO A LOS CIELOS NO ENTURBIAR SUS AZULES
PROMETO A LOS HOMBRES FIDELIDAD ETERNA
PROMETO A LA MÚSICA ENSALZAR SUS LAÚDES
PROMETO A LOS NIÑOS GUERREAR POR SUS DERECHOS
A MIS OBRAS PROMETO DIGNIDAD Y DECORO
Y A LAS AVES PROMETO UN ESPACIO EN MI TECHO
LE PROMETO A LA VIDA DÁDIVAS QUE AÑORO
TODO POR TENERTE, MI BITI QUERIDA,
TAN SOLO UN MOMENTO, CON TUS MANOS SUAVES,
MENGUANDO EL DOLOR QUE ME ATENAZA EL PECHO
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Natura
Conmutando el esplendor de la noche,
taladrante, y con el paso fiero,
semejante a la figura de un fantoche,
lúgubre y fuerte, demoledor, severo.
Criticado por muchos, bendecido por todos,
ha dejado a su paso un acucioso esmero;
el aire menos denso, impregnado de lodo
tales son las primicias del primer aguacero.
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MISERICORDIA
ÉL trajo un corazón polvoriento
envuelto en terciopelos y hojitas amarillas,
regado con las savias de sauces centenarios,
y rodeado del cieno que recogí en la orilla.
Él encendió una hoguera con los nervios sobrantes
en el hueco profundo que se cavó en el pecho
y atizó día y noche, músculos y membranas,
para darle calor al corazón deshecho.
Él subastó su prenda en orgías paganas,
enterneciendo piedras con su místico llanto.
Y se entregó a las hordas, voraces y profanas,
el corazón desnudo abrazado en un canto.
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PROPÓSITO
Hombre:
Acomoda los sonidos de tus egos,
yérguete por encima de los prejuicios,
tantea los clavicordios de tu materia,
muéstrate sereno, sin repentinas tinieblas.
Convierte el polvo de la creación en estrellas,
deshazte de las cargas intencionales,
corta el velo del imposible
y navega en los mares del antojo.
Considérate un manuscrito especial
Porque especial fuiste concebido,
llora con cada tarde que se marcha
y saluda el alba entre gorjeos.
Penetra en los intersticios
de las sombras,
acumula bienes de los que no se compran
abarrota tu piel de sensaciones
y claudica ante cada lágrima.
Merece, sin elogios vanos
cada pensamiento que te dediquen,
consuela a a las mariposas urbanas,
renuncia a los altibajos del destino.
Y muere cuando debas,
pero hazlo erguido,
sin culpar a la vida,
sin apegos, sin miedos,
cerrando los ojos
y abriendo el corazón.
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MENTES MANIQUEAS
POR MARITZA MARINA GÓMEZ CRUZ
SABIDURÍA, 6-3
“Porque el Señor es quien les dio el poder, y la realeza les viene del Altísimo; él examinará su comportamiento y pondrá al descubierto las intenciones de ustedes”
En una de las reflexiones que escribiera tiempo atrás, me referí al hecho de que en determinada época de mi vida , al percatarme de que mis gustos se estaban volviendo demasiado elitistas, decidí ponerme a ver “tonterías” en el televisor que me ayudaran a paliar esta peligrosa tendencia, que suele poner a los seres humanos con los pies muy lejos del suelo, en el sentido de que se empieza a menospreciar todo lo que uno no considera bueno- una de las tantas maneras de que se revisten el irrespeto y la soberbia para manifestarse sin frenos- y para demostrar superioridad ante el resto de los mortales.
Los novelones rosa, destilando almíbar por los cuatro costados, fueron mi primer castigo. Al principio pensé que iba a morir de asco con las novelas mexicanas, pero luego me dejé atrapar por el gracejo del habla de los colombianos y de las múltiples situaciones que su humor chispeante recicla para diversión de los que seguimos sus tramas, de indudable mejor factura que las de los mexicanos. Las brasileñas son bastante buenas también y, según mi punto de vista, muchos menos “idiotas” que el resto de las entregas del área. Una cosa en particular llama mi atención de las novelas brasileñas, y es que no dilatan innecesariamente los conflictos, agotados por exceso de imbecilidad de sus personajes y que ya comienzan a colmar la paciencia del más santo. En estas novelas, el conflicto explota, e inmediatamente se resuelve, o al menos, los involucrados conocen las secretas intenciones del malo y tratan de ponerle coto a sus planes macabros, o, en el peor de los casos, caen víctimas de las acciones de éstos, pero con el conocimiento pleno de lo que está sucediendo. En los novelones mexicanos, por el contrario, el malo-malo abusa todo el tiempo del bueno-bueno, que además de bueno es tonto de capirote y vive pensando que el malo-malo no lo es tanto, y en razón de esto le suceden las cosas malas-malas más inverosímiles, y tan sólo en el último capitulo se descubre todo (uno ignora cómo el bueno-bueno pudo sobrevivir a tantas calamidades, pero es así) y el malo-malo muere dando alaridos, mientras que los buenos-buenos engañados son felices y comen perdices a partir de ese momento. Puaff!!!!!!!!
Y sin embargo, a veces en la vida real suceden cosas parecidas a las de las malas novelas. Andan algunos malos-malos por ahí, verdaderos lobos con piel de ovejas, haciendo de las suyas sin que la mayoría de los que los rodean se percaten de sus porquerías. Claro que éstos no obran de manera burda, como sucede en las novelas, sino que generalmente son personas “nice”, aparentemente buenas, serviciales, amorosas, limpias, y con cierto toque de ingenuidad convencional y encantadora que les ayuda a cometer sus felonías sin despertar sospecha alguna. De hecho, en algunos casos estas “mentes peligrosas” pueden ser auténticamente “buenas”, siempre y cuando las personas no penetren al sacro plano de sus intereses personales, siempre y cuando no se sientan amenazados de alguna manera en aquello que desean obtener. Cuando uno de estos buenos-malos ve en peligro cualquiera de sus logros se convierte en una serpiente que muda su piel a cada instante. Estas personas no atacan directamente, sino que se valen de muchos subterfugios para llevar a cabo su labor de zapa: aprovechan para lanzar un comentario poco favorecedor acerca de la persona delante de sus jefes; explotan cualquier incidente que muestre el lado menos agradable de éste; comentan, como al descuido, una situación que ha colocado al otro en una posición poco honrosa; desacreditan con frases aparentemente inofensivas, pero realmente cargadas de veneno; comparan la poco feliz actuación del sujeto de sus críticas en tal o cual caso con la suya propia, mucho más acertada; menosprecian la inteligencia del otro, pero aparentando que se preocupan; se burlan “compasivamente” ante cualquier desliz que éste haya cometido, haciendo notar la superioridad de su propia actuación si hubiesen estado en su caso; aventuran consejos cargados de “buena intención”, pero sólo en apariencias; ponen en boca del otro palabras que no dijo, pero que él interpretó de la manera más conveniente para sus propios intereses. Y así, un largo etcétera. Lo verdaderamente aterrador de esto es que la mayoría de las personas que rodea a este recontramalo no se percata de esto jamás, y así él (o ella) puede realizar su labor sin ser descubierto. Incluso, si alguien se percata del asunto, tiene la casi seguridad de que será considerado un loco, en el mejor de los casos; y una persona perversa, en el peor.
Personalmente, en el pasado sufrí mucho en razón de uno de estos recontramalos con carita de ángel bienhechor. Aunque yo veía el alcance de toda su maquinación, tenía la certeza absoluta de que nadie creería en mis palabras y me limité a sufrir en silencio. Pero me propuse estar muy alerta para descubrir a otros que estuvieran haciendo lo mismo con algún hermano mío, y de alguna manera logré desbaratar más de una urdimbre venenosa, producto de la envidia y la malevolencia humanas, y ello me llenó de regocijo.
Hay una mala noticia para estos maquinadores: Dios les observa y para Él no hay secretos. Para cada mala acción que comete habrá un castigo, una dura lección. De nada les valdrá a estas personas haber podido engañar a la gente de buena fe, en desmedro de algún prójimo inocente. De nada le servirá haber gozado de los bienes que sus malas artes les han apañado, o regocijarse ante la suposición de que es invencible en sus métodos de engaño, porque Dios los observa, y para Él no hay secretos, y tarde o temprano tendrán su merecido. Entonces, cuándo se pregunten por qué El Señor los ha abandonado, él les preguntará a su vez: “Caín, que hiciste de tu hermano?”, y allí serán “el llanto, el rechinar y el crujir de dientes”, paro para entonces, ya no habrá remedio, y el peso de sus malas acciones será como una piedra en el cuello que lo arrastrará río abajo, hasta el lugar sórdido al cual pertenecen.
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POR MARITZA MARINA GÓMEZ CRUZ
¡Cómo te pagaré, Oh, Señor, todo el bien que me has hecho; cómo te pagaré, Oh, Señor¡
LA VISA DE LOS DESAMPARADOS
(I)
E n el mundo siempre existe un punto, un punto minúsculo, un punto grande, un punto cálido, un punto frío, un simple punto que de pronto se convierte para uno en EL PUNTO, EL PUNTO DE PARTIDA. En ese punto, de pronto, convergen los más disímiles sueños, alimento natural de los puntos vitales, leivmotiv de historias verosímiles a fuerza de pruebas irrefutables, pero poco creíbles en esencia Para nosotros, ese punto estuvo revestido del tinte sombrío de una tarde no muy apacible, en medio de mosquitos voraces, de abrojos inhóspitos que nos cortaban la cara, las manos, las piernas de turistas novatos, investidos de ingenuidad, de la mano de desaprensivos, de la mano del destino. Fue allí, en ese punto, que la palabra solidaridad, archirrepetida, aburrida, hueca, adquirió cierto sentido impronunciable, tácito. De pronto, las once cabezas pensaron lo mismo, sintieron lo mismo, quisieron los mismo sin que mediaran palabras. De repente, cesaron las frases hirientes, las risas nerviosas, las miradas apocadas y los movimientos innecesarios de manos y pies. Los once devinieron en una sola masa, de mirada enérgica, de resolución absoluta, ausente de miedo. Y a la voz conminatoria se abalanzaron hacia el minúsculo receptáculo, eufemísticamente llamado “lancha”, la penetraron con la fuerza de la desesperación, la hollaron, inmisericordes, sin un solo gesto de vacilación para iniciar una epopeya particular que, no por repetida, resulta menos escalofriante: llegar a la gran nación que les permitiera, por fin, disfrutar de la dignidad humana de la que no tenían ni la menor idea en su “democracia “ de mentijirillas.
(II)
En los primeros minutos en el mar ya pensábamos en sucumbir. La cáscara de nuez avanzaba marinerísima, arrastrada por un motor bastante potente; débil adminículo ante la fuerza de un mar hostil, para el cual éramos visita “non grata”, para quien no éramos bienvenidos, el cual nos gritaba que no habíamos sido invitados; y para demostrarlo, nos lanzaba salados salivazos a la cara, al cuerpo entero, cada vez más potentes, cada vez más furiosos. En lo particular pensé que había llegado el fin, y sin embargo comencé a orar. Me acompañaron en la oración Daylén y 06. Orábamos con la energía que implica estar a punto de perecer, llenos de la Fe absoluta de los desesperados que saben que, si algo queda por hacer, ello no está en nuestras manos, sólo en las divinas. Olguita, desde el primer momento se tapó la cabeza. Los muchachos, Kendri y Papito, empezaron a vomitar los primeros, seguidos por Yordi que debió aguantar el revuelto aguacero de sus compañeros en el escote y luego se vengó, en la avalancha que provocó en su propio estómago el movimiento incesante. Mi Esteban iba, sin embargo, sentado y calmado, con la calma imposible de presumir en momentos límites, demostrando que la generación anterior es quizás más recia o sencillamente está mejor preparada que la nueva generación de beepers, celulares y computadoras, y que todo el tiempo me hablaba para evitar que me durmiera y cayera al mar desde mi refugio, tras un bidón de gasolina. La Flaca semejaba un pajarito indefenso, próximo a fenecer de frío y desamparo con sus escasos pantaloncitos y sus sandalias mínimas. Pedí para ella algo que paliara el frío enorme, pero ninguno de nosotros podía hacer cosa alguna, todo estaba mojado, y nosotros mismos empapados de pies a cabezas. En cuanto a Jorge, resultó ser el más listo de todos, embozado, inmerso, perdido en una chubasquera salvífica que Maga nunca le perdonó, aunque ella misma se sumergió todo lo que pudo en él. A 06 se le ocurrió la malhadada idea de coger mi gorra para sacar agua del bote: idea muy infeliz, puesto que la misma no se sostenía con el peso, se doblaba, se retorcía impotente; y el resto de los compañeros y yo tratábamos de sacar el líquido desenfreno con unos frascos de soda, cortados por mitad de manera irregular, que resultaron escasos, casi inservibles, y de los cuales, para colmo, el mar nos arrebató dos. Contra todos los reservados pronósticos que bullían en nuestras cabezas, la líquida masa comenzó a ceder en su furia, las olas se hicieron menos intensas, nos llegó la certeza de nuestro Papito Yahve de que no estábamos solos. La oración se convirtió en alabanza permanente en boca de Daylén, en los labios de 06 y en los míos, sentíamos que una fuerza superior controlaba los elementos de forma milagrosa y que nuestra minúscula hojita se mantenía a flote gracias a su Volunta Santa; y no sólo se mantenía a flote, sino que avanzaba vertiginosa, gallarda, hábil, guiada por la Mano Divina de Nuestro Señor Jesús, ¡Alabado y bendito sea su Santo Nombre por siempre! Una luna llena, redonda y hermosa nos ayudaba a paliar el horror de la negrura marina en medio de la noche, pero fue la perdición de nuestro enclenque capitán, (que sin embargo demostró ser mucho más fuerte que nosotros y sólo se detuvo en par de ocasiones, una para evacuar sus fluidos internos; la otra para evadir dos aviones de reconocimiento que estuvieron a punto de malograrnos los sueños, y que una vez más, gracias a la acción divina de Nuestro Amado Señor, siguieron de largo, sin percatarse de los furtivos violadores de su espacio). Como decía, la luna extravió al capitán .Habían pasado varias horas y no aparecían ni La Mona ni El Monito. 06 no cesaba de preguntarle a éste si faltaba mucho para llegar a nuestro punto de destino, pero el capitán callaba. Por su parte, Esteban rezaba por lo bajo que lo estábamos. El capitán se encomendó al Señor de una manera que no me gustó, retadora, vulgar. Posteriormente comprendí que su desazón hablaba por él, desazón provocada por la dilación del viaje y los peligros que aún teníamos por delante. Ya casi todos volvíamos a estar desalentados y llenos de FE al propio tiempo, toda una dicotomía producto de las muchas emociones, de tener tan cerca un sueño larga y tortuosamente acariciado, cuando avizoramos La Mona, y cerca de ésta, un barco guardacostas que, cual fantasma vomitado por la noche, hizo cundir el desaliento, y que el capitán, lanzando imprecaciones, comenzara una loca carrera, toda una filigrana náutica de rodeo para acercarnos al Monito. Finalmente apareció, majestuoso, inaccesible impertérrito, y haciendo que el corazón se nos desbocara en el pecho. Ahí, a dos pasos del primer territorio americano que veíamos, nos enteramos que el pobre capitán y su ayudante no habían probado bocado desde las once de la mañana. Pero no pudimos ayudarlos porque nuestras galletas y panes estaban absoluta e irremediablemente despedazados por la acción de las aguas. Eso sí, pudimos darle agua para tomar de la que llevábamos para una posible espera en el islote, que en aquel momento representaba para nosotros la fuente de salvación más grande, la mayor de las alegrías.
RUMBO A LAS CUMBRES BORRASCOSAS DEL MONITO
(I)
El capitán dio las instrucciones de última hora. El lugar por donde debíamos desembarcar (si así se le puede llamar a la operación que teníamos por delante), debido a que la marea estaba muy baja, representaba un peligro igual o mayor que el que ya habíamos afrontado, puesto que debíamos saltar del bote hacia una roca escabrosa que se encontraba suspendida por encima de nosotros, como a un altura de dos metros o más (es difícil apreciar dadas las circunstancias) Otra vez el desaliento quiso hacer presa de nosotros. Yo comencé a suplicarle al Señor que nos ayudara, me parecía absolutamente imposible subir aquel risco erizado de rocas puntiagudas y cortantes Cada vez que el capitán acercaba la lancha lo más que podía, uno de nosotros debía saltar antes de que la proa de ésta chocara contra las rocas más bajas- operación sumamente riesgosa que bien pudo haber decapitado a cualquiera de nosotros, hecho que gracias a la infinita piedad de Nuestro Salvador, no ocurrió. Los hombres subieron primero- todo un alarde de masculinidad recia que nos vindica de fregados y otros menesteres domésticos que solemos encarar las féminas. A 06 le costó un poco de trabajo dada su condición de minusválido. Posteriormente comenzó la penosa escalada de las mujeres. Magalys y la Flaca fueron izadas sin mayores problemas, pero cuando le tocó el turno a Olguita, ésta perdió el equilibrio debido al movimiento de la lancha y a que resbalaba por lo húmeda que se encontraba, cayendo al mar de forma estrepitosa, espeluznante, sembrando el pánico entre todos los que la observábamos. Por suerte, cada uno de nosotros portaba un salvavidas que sirvió para que Olguita se mantuviera a flote (luego supimos que el sitio es un banco de sardinas frecuentado por tiburones y delfines, que por suerte, en ese momento crucial, se encontraban durmiendo quizás su último sueño antes de lanzarse a buscar el pan de cada día). Kendri se desesperó al ver a su tía en el agua, tan perdida e indefensa que semejaba un cocuyo de ojos desmesuradamente verdes y abiertos, debatiéndose en el pánico que representa una inmensa batea llena de agua, e intentó tirarse a rescatarla, pero los demás lo disuadimos de este propósito. Una vez más, con la ayuda de nuestro Amado Padre, Yordi y Daylén la ayudaron a subir al bote, y después de algunos miedos comprensibles, pudo ser izada a la roca donde aguardaban los demás. Entonces llegó el reto tremendo de subir a las pasaditas de peso: Yordi, Daylén y yo. Los muchachos, Esteban y Kendri sobre todo, se portaron de maravillas al no abandonarnos a nuestra suerte, y asumiendo el riego que implicaba subirnos para su propia salud corporal (me cuentan que Kendri aún padece de la cintura a causa del esfuerzo) enfrentaron con denuedo la dura tarea que tenían por delante. Yordi cayó más de una vez al bote, porque sus brazos resbalaban y no tenían por donde sujetarla. A Daylén la alzaron con algún esfuerzo, pero sin mayores consecuencias. En cuanto a mí, la más pesada de todas, me ayudó el traer puestas una chaqueta y un cinturón, por donde pudieron agarrarme y alzarme, gracias a Mi Señor Jesús, y gracias también a la solidaridad y amor mostrados por mis compañeros de viaje.
(II)
Una vez en el risco, la lancha comenzó a despegarse para emprender la huida. Entonces Yordi se percató de que los papeles que acreditaban que tanto ella como Daylén son ciudadanas cubanas, se les habían caído en ésta. Por suerte, el capitán regresó y se los tiró. Luego se perdió en un santiamén. Serían como las cinco de la mañana entonces. Entre nosotros y la cima del islote se extendían unos seis o siete pisos de diente de perro. No había salida, teníamos que escalar a como diera lugar, y así lo hicimos. En el camino sufrimos múltiples desgarraduras en brazos, piernas y manos. A mí se me fue un pie en una piedra desajustada y tuvieron que ayudarme a sacarlo del hueco al que fue a dar (aún me duele, pero igual me pongo puyas) Encontramos una cuevita, en la cual hicimos un alto porque había comenzado a caer una llovizna fría y nuestro cuerpo, húmedo hasta los tuétanos de agua de mar se resistía a soportar más frialdad. Esteban aprovechó para hacerse un lavado de gatos en las afueras de ésta y cambiarse las raídas vestiduras por una más decente que traía en una funda plástica. Los demás nos quedamos como estábamos, guardando la ropa para después de que nos rescataran. Cuando finalmente llegamos a lo alto del islote, nos encontramos con un páramo desierto de vegetación y lleno de unas gaviotas escuálidas y muy poco amistosas, con unos polluelos, la mayoría de ellas, feos y raquíticos como sus progenitoras (después supimos que en algún momento, cuando llegaran más bandadas quizás nos hubieran atacado debido a que invadimos su hábitat y esto es algo que no toleran) Después de descansar un poquito, empezamos a secar nuestras ropas. Algunos de nosotros, dormilones por naturaleza, se acostaron y taparon sus cabezas. No sé si lograron conciliar el sueño, al menos lo intentaron. En la medida en que fue avanzando el día, el sol comenzó a picar fuertemente. Desde donde estábamos pudimos ver un grupo de delfines haciendo todo tipo de piruetas en el agua, un espectáculo magnífico, hermoso, sobrecogedor. Pronto, el calor terrible que despedía el tórrido sol empezó a quemar nuestras carnes saladas. Yo, que soy bastante blanca, en un santiamén me puse roja como suelen serlo algunas mandarinas y los camarones. El resto de los compañeros también sufría bastante a causa del sol refulgente, del calor intenso. Tratábamos de calmarnos y de no dilapidar el agua ni el gatorade que nos quedaban. A media mañana pasó un barco y le hicimos todo tipo de señas con los salvavidas que eran de color rojo fosforescente. Ignoramos si nos vieron, dice mi tío Rafa que sí, que ellos fueron los que de seguro avisaron a un avión de reconocimiento que nos sobrevoló tres veces, y que en la tercera vuelta nos encendió las luces y los corazones de la alegría más genuina. Lo cierto es que, cuando más acalorados estábamos, sin saber dónde meternos, tratando de guarecernos del sol debajo de unas ramas de vegetación rala que apenas conseguían taparnos la nariz, apareció el helicóptero rojo de la unidad de rescate de la guardia costera americana, momento sublime que a más de uno le arrancó lágrimas y gritos de agradecimiento al Señor por no prolongar lo que ya se presumía como situación bien difícil. Los pilotos sobrevolaron varias veces el espacio aéreo del Monito, buscando el lugar más adecuado para aterrizar. Al parecer, no consiguieron encontrar algún sitio confiable, por lo que decidieron que uno de ellos, un mozo guapísimo, rubio, alto, fuerte bajara en un cable de acero con dos bidones de agua que nos entregó con premura, una vez que puso los pies en tierra, mientras el helicóptero se mantenía suspendido en el aire El joven fue sumamente agradable con nosotros, nos organizó en fila y nos hizo varias preguntas en su pobre español, que nosotros tratamos de contestar en nuestro no menos pobre inglés. Posteriormente, los que se encontraban en el helicóptero enviaron, a través del cable de acero, una especie de cesta grande donde nos fueron subiendo, uno a uno, al helicóptero. El militar rubio nos pidió que no lleváramos con nosotros nada, que luego nos darían todo lo que necesitáramos; sólo nos permitió llevar medicinas y papeles, todo lo demás lo dejamos abandonado en el Monito. Nos fueron trasladando de acuerdo a la edad. Yo me sentí un tanto halagada porque fui de las últimas en viajar, al parecer no le parecí tan mayor al joven, a pesar de mis casi 52 años. A todos nos llevaron para La Mona, excepto a Esteban y a Kendri que, por ser los últimos, fueron trasladados directamente a Aguadilla, Puerto Rico, y, por tanto, no vivieron las imborrables experiencias que si vivimos nosotros en La Mona.
LA MONA: PRIMER REFUGIO DE LA ESPERANZA
(I)
De dos en dos fuimos llegando a La Mona. Allí nos recibieron Miguel y otro señor que nos pareció en un principio algo enérgico, antipático, y que luego resultó ser una persona maravillosa con el cual entablamos una buena amistad, y que nos cocinó y sirvió muy bien mientras estuvimos allí. Nos llevaron a lo que es una especie de cuartel ecológico donde pernoctan cazadores y los que como nosotros, necesitan una mano amiga para paliar las incomodidades de un viaje azaroso que pudo haber culminado en desgracia, y que gracias a Dios terminó en victoria. La instalación tiene las comodidades propias de este tipo de lugares. Nos alojaron en una especie de cabaña de madera, en el segundo piso de la misma. La cabaña tenía cuatro cuartos, y en cada uno de ellos había dos o tres camas. En la sala también había varios colchones. Tenía además su baño con ducha y, en un local aparte, el sanitario. Sábanas, no había, pero si unas colchas militares que, aunque producían escozor en la piel, nos abrigaban en las noches frías. Inicialmente, los planes eran otros. Cuando llegamos, nos prepararon unos sabrosos sándwiches y nos dieron sodas. Posteriormente nos llevaron a una especie de muelle rudimentario desde el cual partiríamos en lancha rápida hasta un barco que estaba estacionado no lejos de la costa y que nos conduciría hasta Aguadilla, en Puerto Rico. Lamentablemente, el mar estaba muy picado, la lancha se movía mucho y, además, el motor presentaba algún problema y se paraba constantemente. Por otra parte, Olguita, que aún estaba muy asustada por su experiencia tremenda cuando cayó al mar, una vez instalada en la lancha comenzó a llorar de miedo, mientras pedía que no la trasladaran en barco. Sólo montamos Magalys, Olguita y yo. Cuando yo monté, debido al movimiento tan fuerte de la lancha me fui de bruces y le caí encima al simpático marino que intentaba ayudarme, y que cuando se vio invadido por mi corpulencia que supongo no le dejaba ni respirar, sólo atinó a reírse (pienso que para hacerme sentir menos mal) y a decirme: MANÍ, en clara alusión a que le había transformado en una barrita del producto citado. Entonces, los marineros decidieron no llevarnos esa tarde, presuntamente nos buscarían al día siguiente. Pero una cosa piensa el borracho, y otra el bodeguero, como dice el refrán. Entonces no sabíamos que permaneceríamos más tiempo del que creíamos en La Mona, gracias al mal tiempo y otras contrariedades económicas que se presentaron.
(II)
Al regresar a la cabaña, la primera sorpresa desagradable fue constatar que no existían las ropas prometidas por el guapo rubio americano. La mayoría de nosotros sólo poseíamos la ropa sucia, llena de sal, del viaje, porque a ninguno se nos ocurrió, en medio de la alegría del rescate, cambiarnos; y como tuvimos que dejarlo todo en el Monito, no teníamos posibilidades de hacerlo en ese momento. Resumiendo: en las noches que pasamos en La Mona, debimos quedarnos desnudos a la hora de dormir para poder lavar-más o menos- las desaliñadas prendas de que disponíamos, mientras circulábamos por la cabaña, semejando monjes budistas, envueltos y envueltas en las peludas colchas militares que nos besaban groseramente la piel y nos escocían todo el tiempo.
(III)
Los militares volvieron en el helicóptero y nos trajeron muchísima comida. Nosotros estamos muy agradecidos por las múltiples gentilezas que tuvieron las autoridades norteamericanas desde el inicio con nosotros. Lamentablemente, por alguna razón que nosotros no conocemos, la comida en conserva del ejército es en extremo picante, por lo cual casi no la podíamos consumir. Si pudimos comer cocteles de frutas y frutas secas en conservas, dulces y galletitas que también nos trajeron. Del resto de nuestra alimentación se encargaron nuestros amigos queridos de La Mona: José, Miguel, el teniente y el cocinero (del cual no recuerdo el nombre), unos hermanos boricuas excelentes, de gran corazón que nos hicieron muy llevadera la estancia en el lugar, en tanto esperábamos que mejorara el tiempo para viajar a Aguadilla. Estos hermanos merecen una mención especial en nuestra historia, ojalá algún día podamos devolverles sus múltiples atenciones con creces. No sólo fueron las personas que nos alimentaron y trataron de aliviar las molestias que experimentábamos, sino que fueron unos amigos increíbles de los cuales quedamos prendados para siempre.
(IV)
Los cazadores parten temprano para el monte. Nos cuentan que hace un año andan persiguiendo a un resbaladizo cabro, que se les escurre una y otra vez de entre las manos .A medida que pasa el tiempo, pierden más y más la esperanza de cazarlo- tantas veces lo tuvieron en la mirilla y se les fue, que ya lo dan por perdido, aunque no se han rendido oficialmente. Yo pude intuir, en la mirada cómplice de José, que algo sobrenatural se esconde tras el animalito. Quizás no nos contaron todo lo que saben, pero quizás, digo quizás, el legendario cabro es el último de los sobrevivientes de antes de la conquista, cuando en La Mona aún no habían un muelle o un aeropuerto para trasladar cubanos prófugos de su propia patria, y los cabros deambulaban sin miedo por todos los rincones de la isla. Pudiera ser nuestro cabro mitológico parte de la magia que envuelve esta isla de ensueño, este paraíso, este recreo de la vista, de los sentidos todos, del alma. Y por tanto, este cabro fugaz podría ser fruto de la imaginación afiebrada de los cazadores que han materializado la locura y el embrujo de este reducto del mundo, defendido por los amantes del verde. Y podría también ser el símbolo de la esperanza que pretende enseñorearse de los corazones metálicos para que la humanidad reinvente la vida que era, que ya no es y que podría salvar este universo en decadencia.
(V)
Pasamos tres días y cuatro noches en la Mona. Fueron días de impaciencia, que no disfrutamos lo que debíamos, en nuestro afán por llegar a la Isla del Encanto, pero que a la luz de la distancia y del tiempo- ya transcurrieron casi dos meses- se vuelven días y noches maravillosos, inigualables, revestidos de una música que proviene de antes, de cuando estábamos en Cuba y a través de la ventana abierta nos llegaban notas difusas de una música que, por indefinida, adquiría matices sin sentido en ese momento, y de tanta nostalgia en el presente de remembranzas. Fueron momentos que no olvidaremos jamás. Qué lástima que no pude disfrutar de ese mar precioso al lado de Esteban. Pero la vida es así. Esos momentos quedan reservados para el futuro, si Dios así lo permite.
AGUADILLA, PUERTO RICO; ¡POR FIN!!!!!!!!!!!!!!!!!
(I)
El lunes al amanecer, después del desayuno, recibimos la noticia de que nos íbamos. Nos acompañaron al muelle todos los hermanos boricuas, incluidos algunos de los cazadores que allí estaban. Fueron momentos de emoción intensa: por un lado nos despedíamos de los queridos hermanos puertorriqueños que nos acogieron; por otro, viajábamos por fin a la gran nación americana. Nuestro sueño estaba a punto de materializarse. Confieso que al abordar el barco de los guardacostas y ver ondear la bandera de los Estados Unidos de América, lloré. Que me perdonen todos los amigos que no comparten mi pasión, mi admiración por este gran país. Yo respeto el criterio de todos, y de igual modo espero que respeten el mío. Para mí, los Estados Unidos de América no son solamente el país donde viven los que más amo: mis hijos, mis nietos, mi hermano, mis tíos y primos. Es, además, el país donde las palabras libertad, orden, ley, respeto adquieren verdadero sentido. Ese es al menos mi punto de vista. Yo quise vivir aquí desde que era una niña y llegué siendo una persona de la tercera edad, loado sea el Señor por permitírmelo. En el barco nos sentaron en los lugares que les parecieron más apropiados a los marinos; aún así, muchos de nosotros nos mareamos y vomitamos en más de una ocasión, yo entre ellos, porque se juntaron el vaivén del mar y el olor a sofrito que salía de la minúscula cocina del barco.06, que es un magnífico imitador, vino todo el trayecto imitando a los diversos personajes del los animados de Elpidio Valdés, tan conocidos en Cuba, y aunque lo hacía muy graciosamente, yo me sentía aún más mareada a consecuencia de sus mímicas. Son recuerdos que se agolpan en mi cabeza, ahora que he decidido poner en blanco y negro mis vivencias de esos días y que nunca me abandonarán mientras viva. Mis hermanos vinieron a Estados Unidos por motivos diversos, quizás a muchos los anima el bienestar económico, el lograr un mejor futuro para sus hijos, aún en Cuba. Para otros, fue simplemente la manera más expedita de reunificar a la familia. Para todos fue una gran alegría.
EPÍLOGO
En el puerto de Aguadilla nos esperaban las autoridades de Inmigración. Nos trasladaron en un camión hasta el punto donde nos interrogarían. Papito venía orinándose y finalmente tuvo que hacerlo en los pantalones porque no podía soportar más. Llegamos al lugar de destino a eso de la l p.m del lunes. Estuvimos detenidos en el centro de inmigración hasta el martes a mediodía. Los oficiales fueron bien corteses con nosotros, incluso realizando los necesarios interrogatorios. Les damos gracias a todos por su gentileza, a pesar de las circunstancias.
El martes a mediodía fue domingo de resurrección adelantado para nosotros. Ahí, en las afueras de la entidad oficial, nos esperaban nuestros hijos, nuestros parientes. El sueño ya era realidad, ya estábamos en los Estados Unidos de América y el imposible había dejado de existir. Nos separamos con el dolor de la ausencia necesaria, del cariño fraguado en los días de prueba, y con la alegría del triunfo de nuestras más caras expectativas, con la satisfacción sublime del reencuentro con nuestros familiares queridos. Nos separamos sí, pero sólo en apariencia, porque seguiremos unidos por todos los momentos, buenos y malos, que no tocaron vivir. Seguiremos unidos en Cristo, Nuestro Señor Amado, Hacedor Único de nuestra dicha presente. La Gloria toda para Él
Jueves, 7 de mayo de 2009.
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ABULIA
AUTOR: MARITZA GÓMEZ
Estoy a dos centímetros de ella,
a dos centímetros del Parnaso
tanteando desde el desaliento,
entre la desazón y el miedo
Un collar de neblina y agua
me sacude el rostro
me invoca en su lenguaje
de perlas traslúcidas
y me levanta en vilo
por las desgarraduras.
Estoy a dos centímetros de ella,
pero no la conozco,
me hurta el rostro de asbesto
y se recrea con mi estupor.
Una cuerda de azogue y lino
me acaricia la garganta
me susurra palabras
de pedernal y azufre
y me impele a
lanzarme en el viento
Estoy a dos centímetros de ella
de su mundo patético, trastornado,
ignorando la voluntad del
destino
o haciéndome cómplice
de sus desvaríos,
sólo a dos, a dos míseros
centímetros
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